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05/01/2009
¿DEVOLVER EL HUÁSCAR?
Lunes 5 de enero de 2009
www.lidersanantonio.cl/prontus4_nots/site/artic/20090105/pags/20090105000831.html
Un nutrido debate en blogs y cartas de los lectores ha motivado en las últimas semanas el planteamiento del investigador del Centro de Estudios Públicos, Lucas Sierra, de entregar el Huáscar a Perú.
Al tiempo que Chile defiende con convicción sus intereses frente al país vecino -sostuvo en una columna en El Mercurio- podría devolver el Huáscar, en cuanto símbolo de lo que llama una "melancolía nacionalista" difusa e irreparable, generada por la conciencia de pérdida y que emerge en la política a la menor dificultad.
La devolución del monitor fondeado en el puerto de Talcahuano "sería un símbolo concreto, que puede ayudar a levantar las barreras que por más de un siglo han trabado nuestras relaciones", argumenta Sierra tras el reciente episodio protagonizado por el ex jefe del Ejército peruano, general Edwin Donayre, que afectó nuevamente las relaciones bilaterales.
SANTUARIO FLOTANTE
Rápidamente su columna comenzó a registrar comentarios en Internet, al igual que en las cartas de los lectores.
El ex comandante en jefe de la Armada, almirante (r) Miguel Ángel Vergara, recordó en una de ellas que el buque "permaneció en servicio activo en la Armada de Chile más tiempo que en la peruana. Y que en sus cubiertas murieron dos de nuestros héroes: el comandante Arturo Prat, en el bloqueo de Iquique, el 21 de mayo de 1879, y el comandante Manuel Thompson, durante el bloqueo de Arica, el 27 de febrero de 1880".
Agrega que las restauraciones y esfuerzos de mantención a los que ha sido sometido "se han hecho bajo la consigna de que sea un santuario flotante en homenaje y recuerdo de las glorias de las marinas de Chile y del Perú".
El almirante (r) Vergara estima que se equivocan quienes piensan que mantener el buque en Chile contribuye a exacerbar las desconfianzas entre Chile y Perú y opina que "hay otros caminos más efectivos que devolver el Huáscar para incrementar la confianza, partiendo por la enseñanza que se imparte en los colegios. Por lo demás, se devuelve algo cuando se estima que su posesión es espuria, lo que está lejos de ocurrir en este caso". Los marinos -acota- "no sólo nos sentimos con el derecho, sino también con el deber de que el Huáscar siga siendo chileno".
EL MEJOR DESTINO
El presidente de la Liga Marítima de Chile, contraalmirante (r) Eri Solís, observa que en la cubierta del blindado ofrendaron sus vidas o recibieron heridas mortales Prat, Serrano, Thompson, Aldea y otros marineros que saltaron al abordaje en Iquique, y que bajo el pabellón chileno "la unidad participó en gloriosas operaciones de combate y luego, en la paz, realizó prolongadas y fructíferas comisiones a lo largo de nuestro litoral".
En el presente -agrega- "el Huáscar constituye un majestuoso santuario donde se rinde respetuoso homenaje tanto a héroes chilenos como peruanos. Creo que este rol representa el mejor destino para tan digna reliquia naval".
SÍ A LA DEVOLUCIÓN
Radicalmente distinta es la opinión del historiador, académico y director del Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna, Sergio Grez Toso, miembro fundador del Comité Chileno por la Devolución del Huáscar al Perú ( http://devolverelhuascar.blogia.com).
Plantea que "cada cierto tiempo afloran los fantasmas de los viejos antagonismos que han perturbado las relaciones chileno-peruanas desde los inicios de la era republicana", reflejo de un nacionalismo que actúa "como un veneno que corroe, corrompe y destruye el alma de los pueblos, oponiéndolos entre sí de manera frontal, impidiéndoles percibir la causa real de sus problemas y señalando vías erróneas para su solución".
Grez sostiene que "el nacionalismo devenido en chauvinismo por la acción de los poderes interesados en ello se torna en contra de los intereses de los pueblos" y que conmemoraciones como el 21 de mayo en Chile y el 8 de octubre en Perú alimentan el odio y el desprecio por los vecinos.
El mismo efecto tiene a su juicio "la negativa chilena a devolver trofeos de guerra como el monitor ’Huáscar’. Así se eternizan rencillas de un pasado de división y enfrentamiento entre los pueblos de un continente que tiene pendientes grandes tareas para superar la dependencia, el atraso económico, las injusticias y desigualdades sociales".
De acuerdo a su planteamiento, "sólo con una revisión crítica de nuestras historias (tanto la chilena como la peruana) y con gestos políticos concretos -como fue la acertada decisión de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de nuestro país de devolver el patrimonio bibliográfico y documental robado a la Biblioteca Nacional de Lima por las tropas chilenas de ocupación durante la Guerra del Pacífico- se podrá avanzar en la vía de la hermandad entre los pueblos y del progreso social".
Concluye señalando que "para avanzar en la senda del progreso social y el entendimiento entre las naciones del continente, al igual que los libros y documentos de archivo, el "Huáscar" debe emprender el viaje de retorno a su país".
25/03/2007
SOBRE LA CARTA A L@S CHILEN@S AMIGOS DE LO AJENO
EL SIGUIENTE ARTÍCULO HA SIDO PUBLICADO EN www.elmostrador.cl
Escritores latinoamericanos reclaman a Chile devolución de libros peruanos
por Pablo Soto A.
Intelectuales chilenos, peruanos y bolivianos, entre otros, suscribieron una misiva en la que demanda al gobierno de Santiago la restitución de valiosos textos sustraídos desde la Biblioteca de Lima durante la Guerra del Pacífico.
“Muy estimables, quiere el azar de los encuentros que este envío se encamine de entrada bajo el sello de la amistad, amistad en este caso (desmesurada, empero) de y con lo ajeno: toda una escena. De escena hablaremos. Un poco. Y de patrimonio. Meridianamente: de la escena de una sustracción patrimonial, de un robo de padre y señor nuestro; cultural, patrio-patriarcal, histórico. Y de impunidad, era que no, de un olvido por años contenido por las instituciones políticas, culturales como patrimoniales chilenas. No nos referimos esta vez a “la carta robada” (no exactamente) sino al libro y a la lectura, a los miles de libros y manuscritos sustraídos tiempo ha por el Gobierno de Chile desde la Biblioteca Nacional del Perú y que aún yacen, tal secuestro permanente, en manos del Estado chileno”. 
Bernardo Subercaseaux, académico chileno que adhiere a la carta de reclamo.
Así comienza la carta firmada por más de 50 escritores e intelectuales latinoamericanos que exigen la devolución de los textos sustraídos desde la citada biblioteca peruana por Chile, durante la Guerra del Pacífico.
"Mientras tanto los libros y manuscritos afanados en Lima en esa guerra de expansión territorial que fuera la del Pacífico —que lo diga si no el (también secuestrado) mar boliviano— siguen sin ser devueltos y, hoy como ayer, tras la paletada, nadie dice nada”, agrega la misiva.
El texto apela a la categorización de quien fuera el rector de la Universidad de Chile en 1881, Ignacio Domeyko, quien en un informe al ministro de Educación de la época detalló los más de diez mil los volúmenes traídos como botín de guerra desde Perú. "¿Puede haber mayor descaro que certificar en el “Diario Oficial” de un país el patrimonio (ajeno) sustraído? ¿O es que el robo es parte de la cultura?”, se preguntan los escritores en la misiva.
Entre los chilenos que suscribieron la misiva se encuentra el académico de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile y escritor Bernardo Subercaseaux quien, en conversación con El Mostrador.cl, explicó las razones para respaldar esta protesta.
La principal razón que esgrime el académico para justificar la devolución de este material de alto valor histórico y patrimonial, es el acto de sustracción que significa mantener en Chile dicho material. “Creo que el respeto a los patrimonios culturales de los países es un elemento fundamental para cuidar una buena vecindad”, destaca.
La misiva también pide acelerar el funcionamiento de la comisión creada por el gobierno chileno para evaluar el estado y cantidad de libros sustraídos. “He sabido que el Ministerio de Relaciones Exteriores está al tanto del tema y está averiguando los detalles. Eso sería un muy buen gesto político de gran significación para la cultura y de unión entre los países, de devolver esos libros”, agrega.
Momento coyuntural
Si bien la misiva se suma a la postergación del documental de TVN “Epopeya”, basado en la Guerra del Pacífico, y al desistimiento de poetas del vecino país de participar en un recital poético en el "Huáscar", Subercaseaux lamenta la forma en que estos temas se abordan en Chile. “Se ve con un criterio del siglo XIX, que no tiene nada que ver con el mundo globalizado”, reclama.
Sobre los pasajes más fuertes de la carta -como por ejemplo “si ve a un chileno robando, déjelo; es parte de su cultura”-, el académico señala que a pesar de ello el objetivo de la carta es manifestar "un tono de unidad, un tono de igualdad”.
“Hay que entender que haya molestia, pero también hay un discurso predominante y que es claramente constructivo. Yo no estoy de acuerdo con este tipo de frases porque soy chileno, pero el balance general de la carta es constructivo”, dice.
En cuanto a la negativa de los poetas peruanos de participar en el recital poético en el Huáscar, exigiendo la devolución del buque, Subercaseaux marca diferencias: “Esas son cosas distintas, cuando hay guerra hay problemas de terreno y posesión. Pero los libros estaban en una biblioteca y son un patrimonio histórico y cultural y eso hay que respetarlo”, concluye.
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ADEMÁS:
Vea la carta completa
24/03/2007
COMO SI FUERA HOY: LA GUERRA DEL SALITRE
¿Nos les parece., queridos lectores, que este es un nuevo insulto a nuestra inteligencia? Como no he visto el documental de marras, me veo obligado a opinar, basado en comentarios que se han filtrado en la prensa. Al parecer, Rafael Cavada intentó basar la historia en un soldado desconocido, apoyándose en versiones de historiadores chilenos, peruanos y bolivianos. De todas maneras, esta forma de ver la historia es más verídica que la de historiadores conservadores de profesión, como la del militarista Gonzalo Bulnes y del nacionalista racista, Francisco Antonio Encina.
Para empezar, el nombre de “guerra del Pacífico” es completamente falso, más adecuado sería denominarla como la “guerra del impuesto de diez centavos” o “la guerra del salitre”. Su origen y desarrollo es meramente económico: el gobierno de Aníbal Pinto estaba sufriendo la peor crisis económica del siglo XIX y, para evitar el default tuvo que terminar con el patrón oro y reemplazarlo por el papel moneda; el Perú también estaba en crisis por lo cual se vio obligado a nacionalizar el salitre; los bonos peruanos estaban completamente devaluados. Es cierto que, además, existían intrigas diplomáticas con los vecinos, en especial el Tratado secreto entre Perú y Bolivia.
En esta guerra de intereses económicos, como siempre, se confunde la leyenda con la realidad: la famosa chupilca del diablo –mezcla de pólvora con aguardiente – es una entretenida invención del radio teatro Adiós al séptimo de Línea , del famoso escritor Jorge Inostroza, obra que provocó mi interés por la historia. En el fondo, los soldados eran cazados por las famosas levas forzosas, y dudo que estarían dispuestos a ir a morir, dirigidos por los ineptos generales. Es sabido que Manuel Baquedano tenía menos vocabulario que el hoy George Bush. La oligarquía ha sido muy inteligente para inventar sus propios héroes: en la guerra del salitre lo fueron los ministros civiles Rafael Sotomayor, padre del carnicero de la matanza de Santa María de Iquique; posteriormente lo fue José Francisco Vergara, radical, masón millonario y dueño de la Quinta que lleva su apellido. Mario Rivas, un periodista famoso y mordaz, escribió una monstruosa obra de teatro, cuya trama consistía en el abrazo entre Juan Verdejo y un aristócrata; según el autor, estos dos personajes habían ganado la Guerra del Pacífico. La oligarquía inventó el personaje Patricio Lynch, una especie de virrey británico, que dirigió la ocupación de Lima. Los soldados se dedicaron, brutalmente, a violar a cuanta niña peruana encontraron y, hasta hoy, no hemos devuelto los tesoros artísticos y literarios, robados a la capital del Rimac y, como en Chile todo es falso, la famosa estatua de Baquedano, en la Plaza Italia, corresponde al general Foch, héroe francés de la Primera Guerra Mundial.
Según el escritor Genaro Prieto, Arturo Prat perteneció a la cofradía de los rotarios, personas muy buenas para comer; miren que al héroe de Iquique se le ocurrió, nada menos, que preguntar que si había almorzado la gente, cuando sabía muy bien que luego iban ante la presencia del tata Dios, quien es muy reputado como un aficionado a los ayunos.
La mayoría de los críticos chilenos del Centenario culparon a la guerra del salitre de todas las desgracias del Chile de comienzos de siglo pasado: para MacIver, en su discurso Crisis moral de la República, culpa a la “peste” de la riqueza fácil del salitre de todas las corrupciones del Chile parlamentario. Para el profesor Alejandro Venegas, fue la Guerra del Pacífico y la contrarrevolución de 1891, las causantes de la corrupción de los banqueros y de la oligarquía campesina. Carlos Vicuña Fuentes fue partidario de abandonar el patrioterismo y entregar las cautivas Tacna y Arica al Perú.
¿Quiénes ganaron con la Guerra del nitrato? En primer lugar, la oligarquía, los banqueros y los especuladores, que no pagaron nunca más impuesto a la renta y vivieron del ocio que permitían los millones, producto de este regalo del desierto; en segundo lugar, el imperialismo inglés, representado por los reyes de la especulación de fines del siglo XIX, entre quienes se cuenta a John Thomas North, llamado el rey del salitre; North era un genio de la publicidad: inventó su origen pobre y que, a fuerza de trabajo, había llegado a la cima de la riqueza. Los inversionistas le creían a pie juntillas; sus acciones en la bolsa de Londres pagaban enormes dividendos y, como North no era nada de tonto, sabía muy bien que la riqueza del salitre era efímera y que sus precios subían y bajaban. Al morir North, había vendido todas sus acciones, dejando en la estacada a los ingenuos que le dieron fama de gurú.
North construyó, en Tarapacá, un verdadero imperio y, como sabía relacionarse muy bien, se hizo amigo de Robert Harvey, quien estaba a cargo, nombrado por los chilenos, de la administración de las Oficinas salitreras de Tarapacá y Antofagasta. North fanfarroneaba que sabía, por adelantado, el triunfo de los chilenos en la Guerra, por eso compró bonos peruanos, que estaban a precio de huevo; como el presidente Federico Santamaría reconoció la deuda del Perú, los activos de North se fueron a los cielos.
North se apropió, de muy mala manera, de la propiedad de las aguas que venían del valle de Pica. Su primera empresa estuvo destinada a vender agua potable – lo de potable es muy discutible, pues el agua era de muy mala calidad y cara, como lo asevera el profesor Venegas, en su visita a Iquique -. Posteriormente, creó un banco, dirigido por su amigo Dawson, un famoso banquero de Valparaíso, que había proporcionado créditos blandos a North; además, inventó una empresa que abasteciera las pulperías y sólo le faltaba el ferrocarril que llevara el salitre a los puertos de Iquique y Pisagua. A causa del monopolio del transporte del salitre explotó el conflicto con el presidente José Manuel Balmaceda, que quería chilenizar los ferrocarriles. El Consejo de Estado dio razón a Balmaceda, a pesar de las presiones de la oligarquía.
North tenía competidores, por cierto, entre ellos la famosa casa Gibbs y Hermanos, que también querían construir un ferrocarril. Ambas empresas habían comprado a sendos abogados y parlamentarios de la oligarquía, entre los más conocidos se cuenta a Julio Zegers y su hijo; los hermanos Enrique y David MacIver, Carlos Walker y Eulogio Altamirano, entre otros, todos enemigos de Balmaceda. En ese tiempo, como hoy, la política estaba completamente mezclada con los negocios.
El debate sobre los intereses económicos comprometidos en la contrarrevolución de 1891 se ha extendido hasta nuestros días. Alejandro Venegas, Julio César Jobet y Hernán Ramírez Necochea sostienen la tesis del papel preponderante de la alianza entre el imperialismo inglés y sus servidores oligarcas chilenos en la contrarrevolución de 1891. Blakemore, al criticar la tesis de Ramírez Necochea, sostiene que había un verdadero conflicto de intereses entre la casa Gibbs y North, por lo demás, Balmaceda no tuvo, según este autor, una verdadera política nacionalista y su pedestal se debe a un mito posterior, levantado por Arturo Alessadri Palma, Eduardo Frei Montalva y, sobretodo, Salvador Allende. García de la Huerta plantea la hipótesis de la multicausalidad del conflicto civil de 1891. Encina, Vial Correa y Edwards Vives sostienen que la guerra civil de 1891 tuvo como causa una colisión entre el autoritarismo presidencialista de Balmaceda y su ministro, Bañados Espinoza, y la mayoría parlamentarista del Congreso. Dejo al lector las ideas planteadas para que recurra a los múltiples textos sobre el tema, que existen en bibliotecas y tome su propia posición.
*Rafael Luis Gumucio Rivas es profesor de Historia de la Universidad Bolivariana, ex agregado cultural de Chile en Canadá, ex profesor de la Universidad Católica de Valparaíso, con postgrados en La Sorbona de París. Es colaborador habitual de El Clarín y de Gran Valparaíso, entre otros medios.
EL MITO DE LA GUERRA
Dejemos al Gobierno tranquilo para rehacer los cauces para una relación fraternal y cooperativa, que trascienda los intereses meramente nacionales y busque el bien común regional y aun mundial.
José Aldunate s.j.
Me refiero al mito de una eventual guerra para la cual Chile se debe preparar.
En realidad, uno queda sorprendido. Oímos referirse al tema a gente que parece inteligente, en reuniones o en los medios de comunicación, y hablan sobre un enfrentamiento como algo eventual, ante lo que hay que estar premunido. La receta es la disuasión, la famosa referencia a los presuntos enemigos, capacitados para atacarnos. Más aún, ávidos por hacerlo.
Muchas veces descubro que aquel que habla es un marino o un militar, y empiezo a comprender. Pero a veces es un diputado de la Comisión de Defensa y aun de la de Relaciones Exteriores. Entonces pienso, ¿cómo podemos ser tan obsoletos? En una sesión escuché la vieja consigna romana: “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Se dijo y nadie corrigió ni refutó. Pero confieso haber quedado algo
perplejo ante hechos bien contundentes. Personeros inteligentes y responsables han embarcado al país en una política armamentista, que ha costado varios miles de millones de dólares, los que bien se podrían haber empleado en viviendas, hospitales y cárceles que tanto escasean. Pero para justificar los gastos nuestros gobernantes han invocado la necesidad de disuadir.
Para este rearme ha prevalecido la política de Lagos y Bachelet de llevar bien las relaciones cívico-militares y apoyar la idea castrense de desligar a las Fuerzas Armadas del pinochetismo. Había que dejarlas contentas en algo fundamental como la modernización de material. El lazo de Chile con sus vecinos fue el punto débil o tal vez la falla principal del anterior Gobierno. Tenía dos posibilidades: hacerse respetar por la prepotencia armamentista o liderar una integración diplomática y un desarme colectivo. Eligió lo primero y la gestión actual la ha debido mantener.
Ahora, Chile busca cultivar las relaciones que había descuidado y encontrarse con los países sudamericanos, pero carga con el handicap de su prepotencia. Lo importante sería que dejáramos de buscar justificaciones para este rearme con el argumento tan odioso de la disuasión. Odioso porque exhibe una desconfianza hacia los vecinos.
Pero ¿por qué una guerra es un mito para Chile? Porque EE. UU. no pretende que se produzca un enfrentamiento en esta zona y sin su anuencia no habrá guerra. Porque tampoco la quieren nuestros vecinos. No hay reivindicación territorial alguna. El ex Presidente peruano Alejandro Toledo no quería otra cosa que un desarme conjunto y sólo ante nuestra posición debió ceder ante sus oficiales. Más aún, los lazos económicos en América Latina avanzan y Chile invierte en los países vecinos. Todo adelanto aquí supone la confianza y la paz.
Hemos entrado al nuevo milenio, de comunicaciones y acercamiento. Resulta absurdo querer mantener o revivir la agresividad y violencia de los siglos pasados. Podrá haber diferencias y conflictos, pero ante eso están el diálogo y los convenios. Alguno dirá “sí, la guerra es improbable, pero siempre posible”. Ni en lo individual ni en lo colectivo se puede vivir en función de los peligros posibles. Sólo un peligro probable se ha de tomar en cuenta.
Para ponernos al día debemos emprender un cambio cultural, consistente en superar el nacionalismo obsoleto, impregnado de militarismo, y abrirnos a relaciones integradoras y globalizadoras. Hemos visto cómo algún parlamentario reacciona de modo absurdo a cosas como los hielos del sur, los mapas argentinos, los fuertes bolivianos construidos por Hugo Chávez, los límites con Perú. Pero dejemos tranquilo al Gobierno rehacer los cauces para una relación fraternal y cooperativa, que trascienda los intereses meramente nacionales y busque el bien común regional y aun mundial.
Copyright © 2005, Empresa Periodística La Nación S.A.
Difundido por Amnistia Internacional - Chile
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Este material ha sido tomado de un medio de prensa de libre circulación en Chile, cuyo crédito se menciona en el despacho. Los envios no representan la postura de Amnistía Internacional.
Alejandra Mujica
Coordinadora de Información Pública
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22/03/2007
FILM EPOPEYA: PREGUNTAS DE AYER Y HOY
En el año 1998 haciendo unas excavaciones en Chorrillos descubrieron los restos bien conservados de un soldado chileno. En su morral se descubrió una libreta donde anotaba sus experiencias hasta que perdió la vida. Esto inspiró al productor chileno Patricio Polanco para hacer una filmación que a través de los ojos de su soldado anónimo explique la guerra que libró Chile contra las tropas aliadas de Perú y Bolivia en el año de 1879.
Hace poco vi la película de la batalla de Iwo Jima, una de las batallas mas sangrientas de la segunda guerra mundial. En realidad el director Clint Eastwood hizo dos películas. La primera película que tituló "La Bandera de nuestros padres" narra la batalla desde el punto de vista norteamericano y la segunda película titulada "Cartas de IwoJima" es la batalla vista desde el punto de vista japonés.
Y así es la Historia, siempre hay mas de una versión, depende de que lado se encuentre uno. La historia de la conquista española y que hemos aprendido en la escuela es que 13 valientes españoles desembarcaron en la Isla del Gallo y gracias a su valor y heroísmo sometieron a un Imperio de indios y convirtieron sus territorios en dominios del Imperio español.
Hasta hace poco se ha tenido la estatua del jefe de los conquistadores, Francisco Pizarro en la Plaza principal de Lima con su espada desenvainada y montado en su caballo en posición de combate. La casta dirigente, política que ha gobernado a Perú por gran parte de nuestra vida Republicana se han sentido descendientes de esta raza de conquistadores y por lo tanto superiores al resto de la población nativa. La historia que hemos aprendido es la historia del punto de vista del conquistador.
¿Alguna vez hemos reflexionado sobre lo que significó la conquista española para los que vivian en estos territorios? ¿Hemos asimilado la resistencia y lucha que libraron para deshacerse del yugo de un Rey que vino de territorios lejanos y se apoderó de sus territorios?
Cuando niño, los de mi generación veíamos las películas de cowboys y aplaudíamos cuando los blancos mataban a los indios salvajes .Los indios con flechas y hachas y los colonos con fusiles y pistolas. Esa es la historia.
El soldado anónimo chileno que murió en las faldas del Ziz Zag en la batalla de San Juan en Enero de 1881 merece dar su explicación de porque su país lo reclutó y lo envió en un ejercito expedicionario a invadir otros países. Y su versión no tiene porque hacerse en función si a nosotros los peruanos nos vaya a gustar o no. No puede haber versiones que traten de acomodarse para no herir los sentimientos del contrario.
A nosotros los Peruanos lo que nos debe preocupar es dar respuesta a muchas preguntas sobre la Guerra del Pacifico. Los descendientes de quienes pelearon y la nación entera merece saber porque se perdió la guerra, que lecciones se han sacado y si puede haber nuevas guerras en el futuro.
¿ES QUE LA GUERRA TOMO DE SOPRESA A PERÚ?
No. Los orígenes de la guerra del Pacífico empiezan en 1840 con la importancia del guano como producto de exportación y que Perú tenía en abundancia en sus costas. En 1860 el salitre es otro producto demandado por el comercio internacional. El Perú vivía su mejor bonanza económica .
Nunca fue una sorpresa que los empresarios chilenos miraban con envidia las riquezas que Bolivia y Perú tenían pero lo que Chile si tenia era una clase dirigente con gran espíritu empresarial y asociados con el capital británico lograron grandes concesiones mineras de salitre en el litoral boliviano.
Viene la primera pregunta: ¿Todo el dinero del guano y el salitre en que benefició a la mayoría de la población peruana?
Segunda pregunta: ¿La bonanza que actualmente el país tiene por los altos precios de los minerales que exportamos está beneficiando a la población Perúana? ¿Los índices de pobreza se han reducido? ¿Hay mayores oportunidades para el que nace en Perú o se tiene que ver forzado a emigrar en busca de mejores horizontes? OJO: Esa misma pregunta se la hicieron muchos durante la época de la bonanza del guano y el salitre.
¿Que pasará cuando los precios de los minerales colapsen o no tengan el mismo nivel de demanda?
La clase dirigente que gobernaba el país en la época del guano y el salitre ¿Pensaban en términos de largo alcance y desarrollo del país o solamente festejaban la bonanza pensando que seria eterna?
¿Y esa riqueza sirvió siquiera para tener una fuerza disuasiva, moderna y bien equipada?
Pregunta actual: ¿Qué capitales y compañías son las que hacen el servicio de cabotaje en nuestro litoral y el servicio marítimo y aéreo y a que empresas y capital pertenecen las empresas de energía, servicio de gas doméstico, servicio de abastecimiento de combustibles? ¿Es la culpa de ellos? El capital necesita expandirse y abrirse en nuevas inversiones.
La verdadera pregunta es: ¿Porque nuestro país hasta ahora no ha sido capaz de desarrollar esa clase empresarial, dinámica, que invierta en el desarrollo de nuestro propio país? Que desarrolle empresas, que cree trabajo, que cree oportunidades. ¿Por qué nuestra clase empresarial se ha acostumbrado a solamente vegetar del Estado y la mayor parte de las veces de una manera fraudulenta?
TRATADO SECRETO DE AMISTAD CON BOLIVIA-SE ACERCA LA GUERRA
La firma del Tratado secreto de Amistad con Bolivia firmado el 3 de Febrero de 1873 fue un triunfo de la diplomacia peruana. Chile se había acercado a Bolivia y le había propuesto la concesión de Antofagasta y a cambio Chile se comprometía a entregarle a Bolivia los territorios Peruanos de Tarapacá que ellos se encargarían de capturarlos con la fuerza de sus armas.
Todo eso lo sabían los diplomáticos y gobernantes Peruanos. Pregunta: Con toda esa abundancia de información y sabiendo del creciente armamentismo chileno ¿qué medidas tomaron para modernizar nuestras fuerzas armadas? ¿Porque lo dejaron para la última hora?
Durante toda la época del Gobierno de Toledo se discutió públicamente que nuestra fuerza aérea del Ejército y la FAP estaba en un 60% sin repuestos ni mantenimiento para poder operar. No habia dinero era la respuesta del Ministro de Economía Pedro Pablo Kuscinsky pero se iba a estudiar como se lograba el financiamiento. La bonanza del precio de exportación de nuestros recursos naturales no llegaba para mantener una fuerza militar disuasiva. ¿Hemos aprendido la lección.
A los siete meses que Chile declaró la guerra a nuestro país se perdió el Huáscar en el combate naval de Angamos. El mar a partir de ese momento quedaba bajo control absoluto del enemigo. El presidente peruano Gral. Mariano Ignacio Prado ante la pérdida del Huáscar decidió que su presencia directa en EEUU y Europa podía acelerar la compra del equipo militar que nuestras fuerzas militares y navales requerían. Y abandonó el país en plena guerra. A los pocos días de su partida Nicolás de Piérola le dio un golpe de estado. Desde Nueva York el General escribió que durante su Gobierno ya se había destinado un presupuesto para reequipar las fuerzas armadas, pero se gastó en sofocar todos los intentos de insurrección y desestabilización política que hacia su enemigo político de apellido Nicolás de Piérola. Este político que fue Ministro de Hacienda durante el Gobierno de Balta, durante sus andanzas revolucionarias siempre encontraba refugio y apoyo de la dirigencia política chilena. Eran claras las razones de ese apoyo: desestabilizar el Perú y aprovechar ese tiempo para continuar su política de fortalecimiento militar. Pregunta actual: ¿Dónde se encuentra el mas grande desestabilizador del país, Alberto Fujimori?
QUIEN ESTABA DETRAS DE CHILE?
Condolezza Rice es la actual Secretaria de Estado del Gobierno de EEUU, como lo antes fue el Gral. Colin Powell. Toda la diplomacia, la inteligencia política y comercial se reportan con el Departamento de Estado, ellos son los oídos y los ojos del Gobierno de EEUU en el mundo.
En los años de 1870 EEUU era ya una potencia económica importante pero la supremacía la tenia Inglaterra. En Marzo de 1881 el Secretario de Estado de la época Mr. James Blaine fue citado en el Senado norteamericano para dar su explicación sobre la guerra que se desarrollaba en el Pacifico. Allí afirmó: Que "era un completo error hablar de dicho conflicto como de una guerra entre Perú y Chile. Ella -dijo- "es una guerra de Inglaterra contra Perú, con Chile como instrumento". Mas tarde en sus declaraciones al diario Washington Post en Enero de 1882 amplió su información: "Chile consiguió de Inglaterra acorazados y material de guerra. Los soldados chilenos marcharon hacia el Perú con uniforme de tela inglesa, con fusiles ingleses bajo sus hombros, la simpatía inglesa ha respaldado a Chile en su conquista y los intereses comerciales ingleses reciben un tremendo impulso del engrandecimiento de Chile. Chile jamás habría entrado una sola pulgada dentro de la guerra si no hubiera sido por el respaldo del capital ingles".
Pregunta actual: ¿Qué país esta ahora detrás del armamentismo chileno? ¿Quién le esta proveyendo de sofisticado material de guerra? ¿Cuáles son los nuevos intereses geopolíticos detrás de este apoyo?. Eso es tema de un nuevo escrito.
¿PUDIMOS GANAR LA GUERRA?
Aún así, con un fuerza militar en desventaja: ¿Tuvimos alguna posibilidad de victoria?
Esa misma pregunta se la hizo en 1921 un periodista al entonces Mariscal Cáceres, cuando tenia ya 85 años de edad y estaba apartado de la política y escribiendo sus reflexiones de la guerra para las futuras generaciones.
En una guerra por más armado y mejor preparado que un ejército esté siempre hay el chance del azar o un mal movimiento que echa a tierra todo lo ganado. En el libro "Guerra del Pacífico" están las memorias de dos destacados personajes políticos y militares chilenos durante la guerra.
Un autor es Jose Francisco Vergara que llegó a ser Ministro de Guerra en 1880 y como tal entró a Lima con las fuerzas victoriosas en Enero de 1881. Y el otro es el Teniente Coronel Diego Duble Almeida. El primero narra que el principal problema durante la primera campaña de ocupación de Antofagasta y Tarapacá era el agua. "La insuficiencia del agua fue cada día haciéndose sentir mas... Los suicidios se iban haciendo frecuentes en la tropa. Las privaciones, el descontento y el clamor general fueron creciendo y ya se hablaba de reembarcarse como única medida de salvación"
Se había desembarcado el grueso del ejercito expedicionario chileno en Antofagasta preparándose para el asalto a Tarapacá. El agua era producida por maquinas desalinizadoras que estaban en el Puerto y no se daban abasto para el gran número de soldados.
Duble Almeida escribe en sus memorias."Agosto 28-1879... A las 11am de la mañana se vio un vapor que venia en dirección de este puerto (Antofagasta)… pudo reconocerse que aquel era el El Huáscar... El Huáscar, avanzando un poco hacia el puerto y enarbolando una enorme bandera abrió fuego. Los cañones de las baterías de costa rompieron también sus fuegos sobre el monitor... El fuego continuó hasta las 5 de la tarde... "El Huáscar tiene ahora buenos artilleros, pues todos sus disparos han sido bien dirigidos lo que no ha sucedido en otros combates... Los últimos 5 disparos del Huáscar fueron dirigidos al fuerte "Bella Vista"... Fueron espléndidos como puntería... Ninguno de los proyectiles disparados por el blindado peruano fue dirigido a las máquinas resacadoras de agua ni a los distintos grupos de gente que había en distintos puntos de la ciudad. ¿Fue acto de humanidad? Me inclino a creerlo. En Antofagasta no hay agua natural. El ejército y la población se sostienen únicamente con la que producen las dos maquinas resacadoras situadas una al norte y otra al sur del pueblo, visibles desde a bordo y fáciles de ser destruidas. Si esto hubiera sucedido, las consecuencias habrían sido terribles para el ejercito".
Primera oportunidad perdida por acto humanitario (¿?) Y así hay un sinnúmero de oportunidades que pudieron haber cambiado la historia de la guerra pero nada de lo que hagamos o digamos puede cambiar que hace 128 años en la Guerra del Pacifico, Perú y Bolivia perdieron la Guerra.
Que distinto el parte del Coronel peruano José María Béjar que estaba a cargo de dirigir las guerrillas en el distrito jaujino de Sincos: Comentando una ofensiva chilena: "Comenzó entonces la terrible batida contra los serranos. Avanzando como rodillos aplanadores, los batallones del sur y norte (chilenos) arrasaron todos los pueblos, les prendieron fuego y empujaron a los pobladores hacia el centro donde esperaba el Segundo de Línea y los artilleros del comandante Barahona. Como turba enloquecida de pavor, los pobladores de toda la extensa región se amontonaron en el centro. Ahí cayó sobre ellos el golpe aplastante de los batallones del comandante Barahona"
El ejército chileno no hizo nada diferente de lo que hace un ejército de ocupación. Es lo mismo que hicieron los ingleses en las colonias americanas, en India, en China. Es lo mismo que hicieron los franceses en Haiti, lo que hizo el ejército norteamericano en Vietnam y lo que se hace en Irak en la actualidad. Un político chino escribió: que una guerra no es escribir una obra de arte, escribir un poema o escuchar una sinfonía. Una guerra es la cosa más espantosa, salvaje y despiadada con la cual un contendiente trata de doblegar al enemigo."
¿Hemos aprendido la lección de lo que es una guerra?
Pero volvamos a la pregunta que se le hizo al Mariscal Cáceres:
Pregunta: "Mariscal ¿Cuál fue a su juicio, la causa decisiva de la pérdida de la guerra?
Respuesta: Sin disputa la falta de organización militar, de cohesión, de armonía política. Había patriotismo, había entusiasmo guerrero, había valor y virtudes militares en nuestros soldados y en nuestros oficiales.
Pregunta: ¿Pero Ud. cree que, sin esos defectos y deficiencias , hubiésemos podido ganar la guerra?
Respuesta: (Después de una larga pausa en actitud reflexiva respondió) "Con toda la superioridad numérica del ejercito chileno, creo firmemente que si. La desunión, el desatino, la ambición política nos perdieron"
PUNTO FINAL DE REFLEXION.
Leyendo todos los partes y cartas que envía el General Cáceres a sus superiores durante la Campaña de la Breña terminaban o empezaban con: NECESITO ARMAS, ENVIEN ARMAS.
¿Dónde estaban las armas? Al final de la Batalla de Miraflores, el Dictador Piérola ordenó que todos los soldados de línea y reserva depositen sus armas en el cuartel Santa Catalina para ser entregados al general victorioso. En el parte del Gral. chileno, Baquedano, no puede ocultar su alegría de la cantidad de armamento recibido con la cual podía armar nuevamente mas de un ejército completo.
Pregunta: ¿Quien en su sano juicio puede dar semejante orden de entregar todas las armas al enemigo?
Con la partida de Piérola a Europa quedó encargado del Gobierno el Contralmirante Lizardo Montero al frente de un nuevo ejército bien equipado en Arequipa .
Pregunta: ¿Por qué el contralmirante Montero nunca apoyó decididamente a los requerimientos de envío de armas que le hacia el General Cáceres? ¿Qué celos políticos había que impedía unirse contra el enemigo común?
Miguel Iglesias, el "héroe del Morro Solar", encargado del Gobierno del Norte, decidió pactar con el enemigo y entregar parte de nuestro territorio. Cáceres ordenó al Grl. Recavarren que se encontraba en Ancash a enfrentar a los iglesistas. Cáceres y Recavarren unieron sus fuerzas y rompiendo el cerco enemigo enrumbaron al norte al encuentro de Iglesias. Los chilenos apresuradamente enviaron refuerzos para cortar el avance de los patriotas y ambos ejércitos se enfrentan en la batalla de Huamachuco.
En medio de la batalla escribe el Mayor peruano Alejandro Montani: Un veterano del Batallón Concepción detiene el caballo del Gral. Cáceres y le pide que le haga el honor de escucharlo. El indio herido de muerte por un balazo que atravesó su pecho no quería morir sin antes estrechar la mano de su general: "Tayta, mi General, te he cumplido mi juramento de la vaquería de Tres Rios" (Le había jurado que el iba a liderar la carga contra el enemigo o morir en el intento) y cae para no levantarse mas. El General Cáceres escribe: "Esta escena de fidelidad y patriotismo me conmovió hondamente".
El soldado se llamaba Lorenzo Yupanqui Berríos y al morir sumaron 14 los miembros de esa noble familia que entre primos y hermanos dieron sus vidas desde San Juan hasta Huamachuco defendiendo nuestra Patria de la agresión extranjera.
Observando el desarrollo de la batalla en Huamachuco se encontraban unos emisarios de Iglesias y una vez decidida la victoria enemiga marcharon a todo lo que daban sus caballos hacia Cajamarca para avisar a sus partidarios de la derrota del Ejercito de Cáceres. Esa noche los iglesistas bebieron y festejaron la derrota militar de los mas nobles de los patriotas de nuestra tierra. Y por si fuera poco Iglesias envió una comisión especial a Huamachuco para felicitar en su nombre al Gral. chileno Gorostiaga.
FIN DE LA GUERRA
Iglesias gobernó el Perú por un año hasta Diciembre de 1884, Piérola volvió a gobernar en 1895, el hijo del General Ignacio Prado gobernó el Perú en dos períodos 1939-1945, 1956-1962. Cada año el 13 de Enero el Ejército hace una ceremonia en el Morro Solar y si mi memoria no me engaña la estatua que esta en el cerro es la de Miguel Iglesias.
El soldado anónimo chileno va a contar su historia en el documental realizado por la Televisión chilena.
¿Cuando la verdadera historia de los patriotas sencillos, hijos de sus pueblos, será contada?. Felizmente, por la cantidad de personas que se vieron envueltos en el conflicto, existen memorias, testimonios, partes de guerra, todos dispersos, pero allí están, esperando algún día ser publicadas para que se sepa la versión de los que lucharon de a corazón sin pedir nada a cambio.
Y no solamente fueron los hombres los que combatieron, escuchen este relato: "El 19 las fuerzas de Robles (chileno) convergen sobre Chupaca con tres columnas... Es en las pampas de Huamanpata y Carato donde se desarrolla la batalla mas encarnizada. A partir de este lugar se baten también las mujeres que se han organizado en agrupamientos de combate; cargan varias veces contra el enemigo con rejones y hondas, como los mejores infantes, logrando vengar, más de una, a sus esposos, a sus hijos, a sus seres mas queridos. Ellas se repliegan, combatiendo como fieras, a la ciudad y hacen su último reducto en sus propias casas... Valentina Melgar y Rosa Perez arrojaron agua hervida a los invasores. Valentina Melgar rinde la vida en el barrio de LLaucas, luchando con los chilenos lanza en ristre...."
Valentina Melgar, Lorenzo Yupanqui, merecen que se les de respuesta a tantas preguntas que ellos se deben haber hecho. Es una obligación para nuestros muertos, una sagrada obligación para sus hijos y nuestros hijos que hemos aprendido la lección y que nunca los hemos olvidado
Marzo 21, 2007 CARLOS PONGO HUAMAN CAR9PON@AOL.COM
(El autor de este artículo es historiador peruano. Reside en California EE. UU.)
LA HUESERA DE LA GLORIA

Por Sergio Grez Toso*
“Cuando el ejército chileno marchaba hacia el enemigo y las bandas ponían en juego sus instrumentos, los capellanes bendijeron la tropa, la cual conforme a Ordenanza se hincó, con una rodilla a tierra, y entonces el virtuoso sacerdote don Ruperto Marchant Pereira, que era uno de los capellanes, alzando las manos con profunda y comunicativa emoción pronunció estas palabras: "Hermanos: antes de morir por la Patria, elevad el corazón a Dios`” [1].
Así describió el historiador chileno Gonzalo Bulnes uno de los momentos previos a la batalla de Tacna o del Campo de la Alianza, donde perecieron o quedaron heridos, el 26 de mayo de 1880, varios miles de soldados chilenos, peruanos y bolivianos.
La foto que observamos muestra una parte de los restos de los que allí cayeron defendiendo, con la bendición de la Iglesia, a sus respectivas patrias.
¿Sus patrias? ¿Qué patria defendían los quechuas, aymarás, cholos, “rotos” y “huasos” enrolados en los ejércitos beligerantes? ¿La de sus amos latifundistas y mineros o la de sus comunidades ancestrales? ¿La de los caudillos militares, aquella que les habían inculcado en el servicio militar y en la Guardia Nacional, o la “patria” como simple expresión del amor al terruño?
Todo parece indicar que cuando estalló la Guerra del Salitre o del Pacífico, el sentimiento nacional estaba más desarrollado en Chile que en Perú o Bolivia, lo que explica, al menos en parte, el triunfo de las armas chilenas. Pero este sentimiento no era muy antiguo ni había brotado espontáneamente. Como todos los fenómenos sociales, el patriotismo chileno tenía un carácter histórico, fruto de determinadas condiciones inscritas en la temporalidad. La prueba es que cuarenta años antes –durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana-, casi todos los “rotitos” y “huasos” habían sido conducidos a la fuerza (muchas veces laceados) hacia el norte.
Sin embargo, en 1879 los alistamientos voluntarios se contaron por miles. El cambio de actitud de la masa popular era el resultado del notorio progreso que experimentaba la construcción del Estado nacional en Chile. El servicio militar en la Guardia Nacional, el disciplinamiento del “bajo pueblo” por medio de la pena de azotes, los trabajos forzados, las papeletas en las zonas mineras, las jaulas rodantes del ministro Portales, la instalación de jefes militares sobre la jurisdicción de los principales yacimientos mineros, instrumentos todos al servicio de la proletarización y la mantención de la dominación oligárquica, así como la paulatina extensión a lo largo del territorio nacional de los aparatos de Estado, la acción de la Iglesia y de la escuela, la difusión de símbolos patrios y la celebración de ciertas efemérides, estaban dando frutos.
También es necesario considerar que, a pesar de sus contradicciones, el mestizaje étnico y cultural había creado significativos vínculos entre la elite y el “bajo pueblo”. Se ha postulado con buenos argumentos que la transhumancia de los peones, obligados a “correr tierras” en busca de trabajo, habría contribuido a generar en ellos una noción más amplia de su espacio de pertenencia, que coincidía con el núcleo básico del “Chile histórico” (el Norte Chico y el Valle Central). Su movilidad física llevó a estos trabajadores nómades a reconocer o construir una cierta afinidad cultural con otros sectores populares de otros puntos del país, aproximándose con el paso del tiempo a los valores comunes de la “chilenidad” [2]. Este sentimiento y mixtura cultural alcanzaría su coronación durante la Guerra del Pacífico porque las identidades siempre se construyen diferenciándose del “otro” y las guerras –aunque nos repugne aceptarlo- son momentos fuertes en la configuración de las identidades nacionales.
¿Qué sintió entonces el niño vestido de marinero al contemplar esta montaña de cadáveres? ¿Orgullo nacional, tristeza o indiferencia? ¿Imaginó su Patria (cualesquiera que haya sido) más gloriosa, más digna, más suya al constatar el sacrificio consentido por sus compatriotas? Y al crecer, ¿se anidaron en su espíritu los sentimientos patrioteros de odio y menosprecio por los enemigos de su Estado-nación?, o tal vez, ¿se rebeló contra el militarismo y el chovinismo y practicó la fraternidad por encima de las fronteras como lo hicieron centenares de obreros peruanos y bolivianos que prefirieron enfrentar la alta probabilidad de otra matanza –esta vez en diciembre de 1907 en Iquique- antes que abandonar en la Escuela Santa María a sus hermanos chilenos?
Nada sabemos acerca del niño de esta foto, pero su imagen meditabunda de los horrores de la guerra quedó archivada como un mensaje para las futuras generaciones que conviene rescatar y difundir.
Es verdad -como dice Toynbee- que la guerra ha existido desde el surgimiento de la civilización y ha acompañado al hombre a través de la historia, pero es igualmente cierto –como plantea el mismo autor- que la guerra siempre ha sido la causa del fin de las civilizaciones [3]. Enfrentados al inicio del tercer milenio, cuando la globalización y la mundialización parecen engendrar una sola gran civilización –la del conjunto de la humanidad-, los hombres y mujeres de la nueva era que está naciendo tienen en sus manos la posibilidad –única en la historia- de hacer, de este nuevo parto civilizatorio, un alumbramiento menos doloroso que nos ahorre futuras hueseras de gloria.
[1] Gonzalo Bulnes, Guerra del Pacífico, vol. II, Santiago, Editorial del Pacífico S.A., 1955, pág. 169.
[2] Esta hipóteis ha sido formulada por Julio Pinto Vallejos en “¿Patria o clase? La Guerra del Pacífico y la reconfiguración de las identidades populares en el Chile contemporáneo”. (Ponencia presentada en las XV Jornadas de Historia Económica organizadas por la Asociación Argentina de Historia Económica y la Universidad Nacional del Centro, Tandil, 9 al 11 de octubre de 1996).
[3] Los planteamientos de este autor fueron desarrollados originalmente en su obra A study of history. Algunos extractos fueron publicados bajo el título War and Civilization. Al escribir este comentario he tenido a mano su versión francesa: Arnold J. Toynbee, Guerre et civilisation, Paris, Gallimard, 1973.
* Sergio Grez Toso, historiador, Profesor de la Universidad de Chile, Director Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna, Director del Magíster en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS. Es miembro fundador del Comité Chileno por la Devolución del Huáscar al Perú

